El día que las piernas aprenden
Salimos temprano, cuando la estepa todavía está gris y el guanaco nos mira sin apuro.
La primera jornada es de reconocimiento. Cruzamos el río Paine, ganamos el filo del valle del Ascencio y sentimos, por primera vez, el peso honesto de la mochila. No hay que apurarse: hoy el cuerpo negocia con la altura y con el viento. Almorzamos al reparo de una lenga y llegamos al campamento con luz de sobra para armar carpa, secar las botas y dejar que el cansancio se vuelva conversación.

